Las casas con olor
Algunas personas tienen un problema con los olores de la cocina: con si se fríe o no se fríe en las casas, con el olor a pescado, con los guisos que requieren toda una mañana produciendo aromas… y debido a esto, todos quieren una cocina cerrada. Pero lo que no se plantean es que una cocina cerrada es contraria a la distribución de las tareas de la casa. Una cocina cerrada aparta a la persona que cocina del resto de la familia, convierte a esta persona en servicio para el resto, e impide compartir el trabajo de cocinar.
Los olores en las casas representan la vida, los cuidados, el trabajo de personas, sobretodo mujeres, que sustentan la vida y la alegría de disfrutar de una buena comida.
Invisibilizar los olores de la cocina es pensar en un mundo aséptico, donde las cosas se generan mediante prestaciones de servicio invisibles… realizadas por duendecillos que no vemos y que no nos importan.
Hacer una comida que implica a toda la familia, y el olor, que impregna el cerebro de recuerdos agradables, de momentos pasados juntos, es sano. Cocinas cerradas y casas sin olores, es un atentado contra la vida y contra el trabajo de cuidados. Abrir las ventanas para que entre aire y se lleve paulatinamente los olores, mientras se oyen los ruidos de las otras cocinas y se adivinan los olores de los otros, no solo es sano, sino que nos hace ser conscientes de qué es lo que verdaderamente mueve el mundo. No lo invisibilices.
